En una región marcada por la pobreza y la precariedad económica, los productores de mandarinas criollas enfrentan una dura realidad. Toneladas de fruta son arrojadas y dejadas a pudrirse debido a la caída de la demanda y la falta de mercado.
Elvio Calgaro, productor de Chajarí, Entre Ríos y dirigente de la Federación Agraria Argentina, describe la situación como desesperante. “Llegaron las lluvias, acompañadas justamente con el problema del receso económico que hay. El poder adquisitivo de la gente se cayó, se desplomó, eso es lo que nosotros notamos, y por lo tanto hay un poco más de fruta pero menos consumo”, explicó Calgaro a Clarín. La estimación es desoladora: la mitad de la producción de mandarinas criollas ha quedado sin posibilidad de envío a mercado por la falta de poder adquisitivo de los consumidores.
Tratándose de un alimento perecedero, la falta de demanda obliga a los citricultores a cosechar y descartar la fruta, ya que dejarla en las plantas podría causar la proliferación de plagas y dejarla caer provocaría la acidificación de las tierras. Algunos productores intentaron alargar la vida de la fruta mediante el uso de cámaras de conservación, pero sin éxito, debiendo finalmente descartar la producción.