Distintas muestras de suelo pampeano fueron utilizadas para una investigación destinada a conocer qué sucede con el glifosato una vez que entra en contacto con el suelo. El estudio fue un trabajo posdoctoral de Martín Graziano, doctor en Biología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, especializado en química ambiental. La principal conclusión obtenida fue que el glifosato “tiene alta capacidad de quedar retenido al suelo pero esta retención es reversible. Esto significa que permanece disponible en el suelo, por lo cual podría lixiviar en presencia de agua en el suelo y también ser fácilmente degradado por los microorganismos del terreno”. Es un dato muy importante porque evidencia que puede reducirse la persistencia del glifosato en el suelo, provocando su disipación del ambiente.
“Estos resultados indican altos grados de adsorción y reversibilidad de la adsorción del glifosato a los suelos franco arenosos de la región, lo que implica el potencial del herbicida para estar disponible para lixiviación o degradación bajo un escenario de uso intensivo”, aclara el informe de Graziano.
Para el trabajo, cuyos resultados fueron publicados por la revista internacional “Chemosphere” (Quimiósfera), se utilizaron muestras de suelo libre de herbicidas provenientes de campos del departamento Quemú Quemú,.
La investigación, desarrollada en instalaciones de la UBA, se suma a muchos otros estudios científicos destinados a “brindar información sobre el comportamiento del glifosato en el suelo”. En este caso, se comprobó “un elevado coeficiente de adsorción, pero también un alto grado de desorción, que resulta un elemento clave para remediar un suelo”, explicó Jorgelina Montoya, ingeniera agrónoma del INTA Anguil, con un doctorado en Ciencias Agrarias.
En diálogo con LA ARENA, Montoya aclaró que “la desorción es un factor indispensable para las estrategias de remediación, porque si el glifosato quedara retenido en el suelo no podría ser degradado por microorganismos”. El estudio suma “un dato más” a numerosas investigaciones desarrolladas en distintos lugares del mundo, “y de ningún modo permite emitir conclusiones determinantes sobre el comportamiento ya que este estudio es sólo una parte de un proceso más complejo” de este controvertido agroquímico, aclaró.
La tesis posdoctoral de Graziano fue dirigida por María dos Santos Afonso, y estuvo destinada a describir los procesos de retención al suelo cuando se incorpora uno de los compuestos químicos más utilizados en el mundo. Según el artículo publicado en Chemosphere, se arrojan “más de un millón de toneladas anuales” en cultivos de todo el planeta. Y en Argentina se utilizan “unos 200 millones de litros por año”.
Existe la sospecha de que “repetidas aplicaciones anuales de glifosato en los campos pueden provocar una acumulación de residuos en el suelo, convirtiéndose en una posible fuente de contaminación”. Los residuos del herbicida en el suelo cuando son desorbidos están sujetos a degradación por los microorganismos del suelo reduciendo así su persistencia. “Resulta importante conocer los procesos de adsorción y desorción para explicar su comportamiento en el ambiente y los eventuales riesgos que podría implicar su utilización”, agregó Montoya.
Ambiente controlado.
Uno de los interrogantes de la ciencia es conocer qué sucede cuando el glifosato aplicado sobre los cultivos se incorpora al suelo. Este trabajo pretendía saber si queda retenido al suelo o si también ocurre el proceso inverso, la desorción, por el cual sus moléculas se desprenden y siguen distintos caminos.
Según Graziano, decidieron “evaluar esta área en particular de la región semiárida, donde no había demasiada información sobre qué ocurre cuando el glifosato llega al suelo”. Tras las pruebas desarrolladas en el laboratorio de la UBA, descubrieron que “al liberarse en el medio, el glifosato queda disponible y puede tener diferentes destinos como ser degradado por microorganismos, escurrir y filtrar a aguas subterráneas”.
En este estudio se trabajó “con una alta relación suelo-solución, y con dosis muy altas del compuesto, que no son comunes ni habituales en el campo”, aclaró la investigadora pampeana. De todos modos, es un método estandarizado internacionalmente para describir la adsorción y desorción: “todos trabajamos igual y así podemos compartir e intercambiar los datos obtenidos, especificando cuáles fueron las dosis utilizadas”, agrega. Este trabajo debería ser complementado con “otros trabajos futuros sobre degradación para tener un conocimiento más del comportamiento de glifosato en el suelo”.