El responsable del curso, quien censuró la clase con perspectiva en derechos humanos, realiza publicaciones en las redes sociales reivindicando la figura de Jorge Rafael Videla.
En línea con la promoción que hace el presidente Javier Milei de los discursos negacionistas de la última dictadura militar y las reivindicaciones de discursos de odio y persecución política, un grave episodio de censura encendió las alarmas de la comunidad universitaria y organismos de derechos humanos.
La polémica se originó en septiembre pero trascendió recién esta semana en los medios de San Luis, provincia en la que el doctor en bioquímica Leonardo Seguín dicta clases. Docente de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), denunció que fue censurado dentro de la materia Biología molecular e ingeniería genética de la carrera de Biotecnología, luego de que el profesor responsable del curso, Darío Ramírez, le prohibiera utilizar como ejemplo el famoso “índice de abuelidad” en los trabajos prácticos.
Según consta en un documento escrito que presentó Seguín al decano de la facultad, Sebastián Andujar, el titular de cátedra le cuestionó que se le enseñara a los alumnos universitarios la fórmula estadística desarrollada por Mary-Claire King junto a las Abuelas de Plaza de Mayo para identificar nietos apropiados durante la dictadura, ya que lo consideraba una forma de “adoctrinamiento”.
En su escrito, Seguín puntualizó que en septiembre pasado, como Jefe de Trabajos Prácticos, les había solicitado a los estudiantes que buscaran y leyeran papers científicos e investigaran sobre el funcionamiento del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG).

“Todo el material es subido al classroom de la materia previo a la clase”, explicó, y señaló que al día siguiente, “Darío Ramírez decide borrar el material sobre el BNDG, y la razón que esgrime es que es un documento de ‘adoctrinamiento’”. El docente compartió como prueba una captura de pantalla del mensaje recibido por su superior.
No obstante, tras refutar el argumento, Ramírez le prohibió subir nuevos contenidos sin autorización previa tras insistir en que parte del material tenía un sesgo “ideológico de izquierda” y que no debía usarse la posición de poder del profesor para “traer relatos parcializados del pasado”.
Al respecto, Seguín manifestó al decano su preocupación por el conflicto y postuló que el desenlace constituye una vulneración directa de su libertad de cátedra.
Además, mientras Ramírez denomina “adoctrinamiento” a la enseñanza de la fórmula científica que permitió la identificación de bebés apropiados en la dictadura, en sus redes sociales realiza publicaciones en las que reivindica a figuras de la dictadura militar, como Jorge Rafael Videla, lo que profundiza la polémica sobre la legitimidad de su censura.

“Recordar que la muerte de este ex presidente y responsable del orden en nuestro país fue un gobierno kirchnerista e izquierda, y un pueblo confundido por la historia distorsionada. Quienes conocemos la verdadera historia los condenaremos siempre”, publica, por ejemplo, el titular de la materia en sus cuentas junto a una foto de Videla.
En otra publicación sostiene sobre el dictador: “Todos lo critican, pero cuando este Sr. fue presidente, no había piquetes cortando calles, no se mantenía a vagos, salías a la calle tranquilo, no había feminazis orinando en la vía pública, deportó a villeros extranjeros y había menos pobres.Había orden, ¿es así o no es así, gente?”.
Por otro lado, Seguín afirmó que la incorporación del “índice de abuelidad” al estudio fue pensada con la intención de sumar una perspectiva de derechos humanos a los contenidos técnicos de la carrera, ya que se trata de una de las atribuciones científicas y humanistas más importantes del país en el mundo.

Además contó: “Nací en 1977 y soy adoptado. Toda la vida lo supe y conviví muy bien con eso, pero estando en México, escuché una charla sobre ciencia amateur y se me ocurrió que nosotros teníamos algo de eso en el trabajo de las Abuelas. Empiezo a investigar y al tiempo con colegas decidimos hacer un curso llamado ‘Genética y Derechos Humanos’. Más o menos un mes antes de que lo iniciáramos, me llaman de Abuelas de Plaza de Mayo a raíz de una denuncia anónima porque había datos de mi documento y mi partida de nacimiento que no coincidían, por lo que invitaban a hacerme el estudio. No encontraron ninguna correlación, pero me tocó muy de cerca. Fue una vocación que me atravesó”.
“Aunque las autoridades de la facultad me dijeron que no me preocupara, en las circunstancias que estamos viviendo, me inquieta”, concluyó.
Qué es el Índice de Abuelidad y cuál es su importancia científica
El Índice de abuelidad es una fórmula estadística que, a partir del material genético de los individuos involucrados, establece con una precisión indubitada la probabilidad de parentesco entre una abuela y su nieto o nieta.
Esta ingeniosa fórmula nació gracias a la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo, quienes durante décadas mantuvieron reuniones con destacados científicos en distintas instituciones para buscar la forma de identificar a los nietos que les habían apropiado los ejecutores del terrorismo de Estado, siendo que los padres y madres estaban desaparecidos y no se podían realizar los exámenes de sangre para determinar la paternidad.
A partir de 1983, luego de la restitución democrática, las Abuelas comenzaron a preguntarse cómo podrían hacer para reconocer a sus nietos y nietas, a medida que fueran creciendo.
Las Abuelas visitaron academias y universidades para pedirles a científicos que las ayudaran a saber si la sangre de abuelas y otros familiares serviría para reconocer a sus nietas y nietos robados. Entonces, Víctor Penchaszadeh, Eric Stover, Cristián Orrego, Mary-Claire King y un grupo de investigadores en Estados Unidos, asumieron el desafío de ayudarlas.
Después de un año de trabajo estadístico y matemático, el equipo logró desarrollar la fórmula estadística que se denominó Índice de abuelidad, que garantizaba un 99,99% de eficacia en la determinación de parentesco.
A partir de esta fórmula, la Justicia lo incorporó como prueba. El método se utilizó por primera vez en 1984, cuando recuperó su identidad una niña que había sido secuestrada junto a sus padres: Paula Logares.
En 1987, gracias al impulso de las Abuelas de Plaza de Mayo, el Congreso de la Nación creó por Ley 23.511 el Banco Nacional de Datos Genéticos que, desde entonces, se encarga de resolver la filiación de aquellas niñas y niños apropiados durante la última dictadura cívico-militar, hoy adultos.
Gracias a esta fórmula, en la actualidad se lograron restituir las identidades de 140 nietos y nietas.
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